Observaciones Académicas al Informe de la CVR

Autor: Raul Gonzales Chávez

Luego de siete años de presentado el Informe Final de la CVR, es necesario hacer una evaluación desapasionada del referido informe.

Críticas al Informe Final de la CVR

Críticas al Informe Final de la CVR

Una evaluación política y académica con, con tres propósitos. El primero, que las generaciones venideras conozcan lo que realmente ocurrió en el Perú en las décadas de los ochenta y noventa, y no sigan pensando, como se sostiene en el Informe, que el país vivió entre dos fuegos en una guerra que libraron los militares peruanos y unos terroristas que querían cambiar un orden social excluyente e injusto.

El segundo motivo, que la justicia peruana no continúe tomando el referido informe como si fuera la Biblia de una religión pagana y continúe dándole un caracter vinculante que las leyes peruanas no le dieron ni le darán.

Finalmente, que la población tome conciencia de que el informe de la CVR ofrece una versión de lo ocurrido en el Perú por lo menos discutible, por razones que no son solo políticas sino fundalmente académicas.

Problema teórico.-

El principal problema teórico tiene que ver con la naturaleza misma de la guerra.

La CVR sostiene que en las décadas de los años 80 y 90, el Perú fue testigo de un conflicto armado interno al que define como “un proceso de violencia de origen político” que tuvo “una notoria relación entre la situación de pobreza y exclusión social” (Conclusión Nº 4). Un conflicto donde “la población campesina fue la principal víctima de la violencia” (Conclusión Nº 5).

Para los Comisionados de la CVR, entonces, en el Perú hubo un “conflicto interno”. Por eso el informa no le reprocha a Sendero haberse alzado en armas, sino haber recurrido a los asesinatos, quemadura de pueblos y ataques a la población civil, “entre otros métodos similares como el recurso a acciones terroristas…”. El informe indica además que esos hechos constituyeron “graves infracciones a los Convenios de Ginebra”, con lo cual, indirectamente le reconoce a Sendero, aún sin proponérselo un status que nunca tuvo: la categoría de fuerza beligerante.

Por esa razón, o por una “confusión” no resuelta, cuando en los diversos capítulos del Informe se habla de Sendero o del MRTA se utiliza como si fueses sinónimos tres conceptos que tienen distinto significado: insurrecto, guerrillero y terrorista.

En el capítulo Nº 3, sobre las Fuerzas Armadas, en el segundo párrafo se lee lo siguiente: “Si los insurrectos -como en el caso del Partido Comunista del Perú, Sendero Luminoso- tienen por objetivo…” etc. etc. (Segunda sección del Tomo II del Informe Final).

Párrafos mas adelante se dice: “Cuando tomó la decisión, Belaunde aprobó un plan de campaña para combatir militarmente a las guerrillas pero no convocó un esfuerzo integral de todos los sectores de la sociedad”. (Segunda Sección del Tomo II del Informe Final. 1.3.1. 1983-1985: “Guerra interna no asumida”).

A continuación señala textualmente: “Prueba de la ignorancia… sobre la verdadera naturaleza del problema es la desproporción entre el presupuesto que pidieron al Legislativo para la defensa exterior y el dinero destinado a la campaña Anti subversiva.” (Segunda Sección del Tomo II del Informe Final. 1.3.1.1. 1983-1985: “La decisión política de enfrentar a la subversión con una campaña militar”).

La pregunta que surge es obvia: ¿Qué fueron los senderistas: insurrectos, guerrilleros o subversivos?

Seria contradicción

Si en un mismo capítulo, el de la Contrasubversión, escrito, se supone, por una misma persona, se utiliza, sin mayor explicación, conceptos distintos para referirse a un mismo grupo, entonces la conclusión a la que se llegue tiene que ser errónea.

La razón es simple y la conocen los militares, los politólogos, los sociólogos y los periodistas con cierta formación académica: De una manera se debe tratar a un grupo de delincuentes o abigeos, de otra a una guerrilla, de otra a un grupo subversivo y de otra a un grupo terrorista.

Si la caracterización del objeto de estudio, en este caso, Sendero y el MRTA, es incorrecta, el análisis, la evaluación y las conclusiones a las que se llegue no serán las adecuadas. Ese es el primer problema del Informe de la CVR.

Aclaremos entonces las cosas: En el Perú hubo un alzamiento en armas de un grupo subversivo y terrorista. Subversivo porque quería subvertir el orden social existente, al que quería destruir para reemplazarlo por otro, y Terrorista, porque para lograr tal objetivo utiliza el terror indiscriminado, mediante la emboscada, el asesinato y el coche bomba.

El Perú no vivió una guerra interna, ni militar ni política. Para que haya una guerra civil tendría que haber dos fuerzas beligerantes y Sendero Luminoso nunca dió cara, tampoco tuvo un ejército regular, y sus columnas armadas jamás se enfrentaron a los militares.

Tampoco hubo un conflicto interno, pues las columnas de Sendero llegaron a los pueblos o comunidades campesinas para imponer por la fuerza de las armas una organización social totalitaria. Y si alguien discrepaba era declarado “enemigo del partido”, sometido a “juicio popular” y asesinado delante de todos para escarmiento.

¿Violencia política?

La violencia que el Perú conoció si podría denominarse política si se toma en cuenta su origen. Sendero era, nos guste o no, una organización política, autoritaria, demencial y asesina, pero organización política finalmente. Sin embargo, si se usa el concepto para sostener que Sendero nace porque en el Perú existía discriminación racial, injustica económica, marginación social, desempleo, pobreza y miseria, se comete un error histórico imperdonable.

La verdad es que Sendero Luminoso inició su “lucha armada” porque decidió llevar a la práctica su prédica subversiva, por razones ideológicas que nada tienen que ver con los problemas apuntados. Y para demostrarle a las otras agrupaciones políticas de ultra izquierda que sólo ellos poseian el “camino correcto” y la “correcta caracterización de la sociedad peruana”.

Si se trata de ensayar una respuesta teórica adecuada, la aparición de Sendero dio lugar a un proceso subversivo no convencional, pues utilizó el terrorismo para desestabilizar al sistema político y paralelamente pretendió crear crear un “nuevo orden” asesinando campesinos en sus propias comunidades.

Es decir, el país se enfrentó a un grupo terrorista que pretendía tomar el poder, y los campesinos fueron los primeros testigos y víctimas de la “declaratoria de guerra” senderista a todos aquellos que se oponían a sus planes. Asi de simple.

Problema metodológico.-

El otro aspecto importante para cualquier investigación es la metodología que utilicen quienes aspiran saber lo que pasó.

Los ex integrantes de la famosa CVR, por razones que no son del caso ventilar, no eligieron la metodología correcta, a pesar que entre ellos había destacados investigadores sociales y académicos.

Para cumplir con el mandato que se les dio, es decir, explicar por qué el país había conocido los niveles de violencia a los que llegó, había que comenzar por lo elemental: Reconstruir la lógica de los actores, cualquiera que fuera la caracterización que se hiciera.

¿Qué es lo que hubiera recomendado cualquier científico social o, incluso un investigador policial?: Comenzar por el principio. Es decir, comenzar tratando de reconstruir la lógica de Sendero Luminoso, del MRTA, y de las fuerzas policiales y militares. Paralelamente, intentar reconstruir los hechos, es decir lo que había pasado.

Ambos ejercicios hubieran permitido recrear la realidad, lo que había ocurrido según los dos actores que finalmente se enfrentaron: Senderistas y, policias y militares.

Obviamente, ellos no fueron los principales ni los únicos en el reparto.

¿Cómo debió haberse realizado tal investigación? De una manera muy simple: Interrogando primero a los principales actores del conflicto. Era lo mas sencillo de hacer, porque todos los dirigentes senderistas estaban presos, y los militares solo necesitaban una citación para declarar.

Si lo hubiesen hecho, los investigadores de la CVR hubieran podido conocer los objetivos políticos, y la respectiva traducción militar de cada uno de los “planes”, “campañas” y “ofensivas” senderistas.

Al mismo tiempo, todos los planes de las fuerzas armadas, lo que los militares pensaban de los planes del senderismo y, consecuentemente, las órdenes que se habían dado en cada zona y en cada año.

Pero no solo eso, también se hubiese podido conocer los lugares y las comunidades que tenían prioridad política y militar para Sendero, y lo que los militares pensaban de esos lugares.

Si lo hubieran hecho así, en una segundo momento, cuando los comisionados decidieron recoger el testimonio de los familiares de las víctimas, hubieran podido tener una base de datos con todos los planes de los senderistas, sus objetivos; y también, los planes, objetivos y órdenes de los militares.

De esta manera, cuando los familiares de las víctimas contaron sus historias, los Comisionados hubieran tenido elementos sólidos para saber si quienes se presentaban ante ellos decían la verdad o mentían y, lo más importante, conocer el contexto en el que había “desaparecido” o perdido la vida cada persona.

Sin embargo, esto no se hizo y se escogió el camino mas difícil: Interrogar primero, sin un conocimiento detallado de lo ocurrido, a las supuestas víctimas de los años 80 y 90. Supuestas porque ninguna podá presentar pruebas de que su “muerto” o “desaparecido” había sido senderista o paramilitar, o, por ejemplo, había “muerto en combate”.

Solo después de concluidos esos interrogatorios, se entrevistó a los militares y policias que tuvieron responsabilidades en las zonas de emergencia.

Mera formalidad

La CVR fue instalada en el año 2001 y presentó su Informe en agosto del 2003. Los jefes militares fueron citados a declarar al final, poco antes de la entrega del documento, y, en consecuencia, sus respectivas “verdades” no fueron tomadas en cuenta para el Informe Final.

Asi, el día 13 de marzo de 2003: fue citado por la CVR el General de División EP (r) José Valdivia Dueñas, quien fuera Jefe Político y Militar de Ayacucho en 1988. Fue el primero. Dos meses después, el día 18 de mayo, lo hizo el general Clemente Noel y Morán, quien ejerció el mismo cargo en 1983.

Entre junio y julio desfilaron todos los oficiales superiores que habían tenido una responsabilidad militar. Finalmente, el 24 de julio, es decir un mes antes de que el Presidente de la República recibiera los nueve tomos del Informe Final de la CVR, fue convocado el General Howard Rodríguez (Ayacucho 1989). Su declaración, obviamente, fue solo una formalidad porque nada de lo que dijo pudo ser tomado en cuenta en el trabajo final porque, simplemente, éste ya estaba en imprenta.

Desde el día 12 de agosto, es decir 16 días antes de finalizar el trabajo de la Comisión, varios Generales recibieron una carta notarial en la que les comunicaban que luego de la “investigación de casos” realizada por la CVR se había “encontrado elementos de juicio que permiten establecer razonablemente su presunta responsabilidad en las violaciones de derechos humanos consistentes en detenciones arbitrarias, desapariciones, torturas y ejecuciones extrajudiciales”.

En la misma carta se les invitó “a remitir por escrito su versión de los hechos, la misma que será incorporada en los informes que serán remitidos al Ministerio Públ¡co en las próximas semanas”. En ninguna de las misivas se informaba acerca de los casos por los que se les acusaba.

Es decir, 17 meses después de iniciado el trabajo de la Comisión, se citó a los Generales que tuvieron la responsabilidad de enfrentar a Sendero en los años 80 y 90, y ni siquiera se les concedió el beneficio de la duda, ni se presumió que podían ser inocentes.

Dos consecuencias

“…un buen número de familiares de senderistas que perdieron la vida en el absurdo alzamiento y que fueron presentados como víctimas de las fuerzas del orden, están a la espera de una reparación económica del Estado…”

El número de muertos atribuidos a los militares ha sido calculado en base a una discutible proyección estadística. Sin embargo, mas allá de esa variable técnica, lo cierto es que la cifra de muertos que la CVR les atribuye a los militares aumenta notablemente porque los familiares de los senderistas niegan que sus muertos hayan fallecido combatiendo por Abimael Guzman.

La razón: todas las historias carecieron de un contexto adecuado, nadie puede decir si esas historias carecieron de un contexto adecuado, nadie puede decir si esas historias se ajustaban a la verdad o eran parte de la actual consigna senderista: “Rescatar y Reivindicar el significado histórico de la Guerra Popular”; que ordena rendir homenaje a los senderistas caidos y reivindicar sus nombres.

En la actualidad, un buen número de familiares de senderistas que perdieron la vida en el absurdo alzamiento y que fueron presentados como víctimas de las fuerzas del orden, están a la espera de una reparación económica del Estado; reparación que no tienen los soldados, los policías, ni los campesinos a los que los senderistas asesinaban.

El absurdo final

Finalmente, otro problema también metodológico: La forma en que los Comisionados organizaron la investigación.

Pocos días después de instalada la CVR, se decidió algo que suena lógico pero no lo es. Se decide dividir el trabajo y que cada uno de ellos se encargue de una o varias partes de lo que sería el Informe Final.

¿Dónde está el error? La investigación de Sendero, sus planes, campañas, ofensivas, etc., se hizo paralelamente a otras investigaciones porque a otro grupo se le encargó investigar el desarrollo de Sendero en Ayacucho, Huancayo, el Huallaga y otros lugares; a otro que estudie la contrasubversión, sin haber entrevistado a los militares, a otro indagar las causas de la subversión sin haber entrevistado a quienes le declararon la guerra al Estado; a otro a trabajar las conclusiones; y a otro a trabajar las recomendaciones. ¡Todos al mismo tiempo!

En la investigación sociológica, sea política o social, y la violencia que vivió el Perú debió haber sido investigada asi, las etapas son muy importantes. No puede un grupo estar trabajando las causas y otro, al mismo tiempo, las conclusiones; mientras otro recrea lo que hizo Sendero y otro lo que hicieron los militares, la iglesia, los partidos y así sucesivamente. Cuando eso se hace el resultado es mas parecido a lo que se conoce como un “Frankestein”.

Queda claro, mentonces, que el marco teórico y la metodología utilizadas por la CVR fueron al menos inadecuados.

Conclusión

La conclusión es obvia. Si el planteamiento del problema es malo, si la teoría y los conceptos son inadecuados, si la forma como se organizó la investigación fue errónea; y si se trabajó mal metodológicamente, sin que el trabajo de campo pudiera ayudar a cambiar la o las hipótesis, ajustar conceptos o probar algunas premisas, entonces el resultado no es, por desgracia, bueno.

¿Por qué se trabajó de esa forma? La respuesta al parecer no es académica sino política, pero ese es otro problema.

1 comentario »

  1. Eliseo DURAN VASQUEZ said

    estea nalisis tiene la razon

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