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El Paititi: Leyenda o una realidad por descubrir?

El Paititi quizá sea el misterio arqueológico más grande de América. Buscado por siglos por arqueólogos, aventureros y conquistadores sigue manteniendo un halo mágico que incluso ha sido aprovechado por “místicos” que le atribuyen un origen extraterrestre. Aquí voy a hablar sólo de evidencias históricas y concretas que demostrarían la existencia del Paititi.

Tras la muerte del Inca Atahualpa ocurrieron 2 sucesos interesantes, uno (el más conocido) fue el nombramiento de Toparpa y luego Manco Inca como gobernantes. Como es conocido, luego Manco Inca inició una lucha de resistencia y se refugió en Vilcabamba, dónde durante casi 40 años sus descendientes continuaron la lucha. Paralelamente a este hecho, Choque Auqui (hermano de Atahualpa) enterado de la muerte del Inca huye hacia el Antisuyo (Selva de Madre de Dios) acompañado de Maestros (Amautas), archiveros (Quipucamayocs), sacerdotes (Willajs), vírgenes del sol (Ajillas), nobles (Orejones) y algunos guerreros, así como incalculables tesoros. Choque Auqui fundaría el Paititi y se coronaría como Sapac Inca.

Según evidencias orales y escritas, El Paititi (de existir) se encontraría en Madre de Dios en la zona conocida como Pantiacolla, donde habita la étnia Machiguenga. Las evidencias que apoyan la afirmación que el Paititi existe son:

 

  • En 2001, el arqueólogo italiano Mario Polia descubrió en los archivos de los Jesuitas en Roma un informe del misionario Andrea López. En este informe, que data de alrededor del año 1600, López habla de una gran ciudad, rica en oro, plata y joyas, ubicada en medio de la selva tropical, cerca de una catarata llamada Paititi por los nativos.
  • El cronista Maúrtua (Crónica, 1677) relata que una vez dominado el Cuzco, uno de sus habitantes fue interrogado:  ¿Dónde está el Inca? -le habría preguntado un español -. El Inca, la corona y muchas otras cosas más -habría contestado- están en la unión del rió Paititi y el rió Pamara (desaparecidos en el tiempo) a tres días del rió Manu.
  • En las crónicas de Garcilazo de la Vega ya Pantiacolla aparece con el nombre —hoy olvidado— de Abisca o Habisca. Lo que significa que no era desconocida para los Incas.
  • Los Petroglifos y Geoglifos de Pusharo. Se trata de curiosos petroglifos señalados por primera vez en 1921 por el misionero dominico Vicente de Cenitagoya. Desde el 2001, el arqueólogo francés Thierry Jamin dedica sus trabajos a la interpretación de los petroglifos de Pusharo. Según él son un mapa geográfico memoria realizado por los Incas para guiar sus pasos por la Selva.
  • Versiones de los Machiguengas (Actual Etnia que habita el Panticolla) de una ciudad habitada por hombres vestidos de blanco.
  • Existe un viejo mapa realizado en el siglo XVII en el museo eclesiástico del Cuzco, que fue traducido del quechua por unos misioneros jesuitas. Sobre el fondo del mapa están dibujados ríos y montañas. Y que en su texto dice:

 “Corazón del corazón,

tierra india del Paititi a cuyas gentes se llama indios,

todos los reinos limitan con él, pero él no limita con ninguno.

Estos son los reinos del Paititi, donde se tiene el poder de hacer y desear,

donde el burgués sólo encontrará comida y el poeta tal vez pueda abrir la puerta,

cerrada desde antiguo del más purísimo amor.

Aquí puede verse sin atajos el color del canto de los pájaros invisibles. “

 

Precisamente un “Corazón de corazón”  aparece en los petroglifos de Pusharo:

 

Corazón del corazón 

 

  • En diciembre de 1975, el satélite norteamericano Landsat 2, que formaba parte de un ambicioso proyecto de la NASA, logró unas extrañas fotografías en la cadena montañosa del Pantiacolla, que aparece muchas veces oculta por nubes. El enigma se inició cuando el Landsat 2 fotografió en el sureste peruano unos 10 “puntos” —recuerde el lector que lucen así por ser vistos desde gran altura—, agrupados en pares (2 filas de 5) que sugerían, según posteriores análisis, “pirámides de cima trunca de proporciones enormes”.

EL Paititi en Pantiacolla?

 

La investigación más detallada vía satélite  del lugar, muestra que en realidad el local es más complejo que un simple alineamiento de supuestas pirámides. En la Sierra Baja de Pantiacolla, las pirámides se encuentran inclusive ellas dentro de otra formación similar a un gran anfiteatro. Además, otras formaciones semicirculares o rectangulares también fueron distinguidas. Un estudio dimensional de las evidencias fotográficas permitió a los investigadores afirmar que algunas pirámides podrían tener hasta 150 ó 200 metros de ancho. Este complejo deja pensar que se trata de un santuario o inclusive los restos de una ciudad.

 

Con estas evidencias, decenas de expediciones han intentado su búsqueda pero sin encontrar la mítica ciudad  (algunas por problemas de clima, otros por lo tupido de la selva,etc) sin embargo en muchas de estas exploraciones se encontraron restos de caminos y edificaciones Incaicas que confirman que los Incas llegaron más adentro de la selva de lo que se pensaba. Las esperanzas de encontrar una ciudad más fabulosa de Machu Picchu siguen intactas en muchos exploradores.

 

Misticismo alrededor del Paititi

 

El mito del Paititi está muy aferrado al mito del Inkarri, un mito Andino con un gran simbolismo que fue escuchado por primera vez de boca de los Q’eros (El pueblo que más conserva las tradiciones incaicas). El mito  habla del retorno del Inca y el regreso del Tawantinsuyo. El Inkarri estaría en el Paititi esperando el momento. Y hay mucha gente que cree que en el Paititi los Incas continuaron su cultura aislados del mundo.  También, según los Q’eros, los que no siguieron a Choque Auqui en su mítica huida permanecieron en el camino como “guardianes de la ruta perdida”

 

Puede que el Paititi sea una romántica idea de una humanidad que necesita saber que aún existen cosas por descubrir, puede que sea una añoranza en el colectivo del hombre andino por el retorno de su civilización, puede que sea una mezcla de las 2 cosas. Y al igual que Troya, el Paititi puede ser una leyenda que se convierta en realidad. En el siglo XIX Heinrich Schliemann, tomando las obras de Homero como documento histórico más que como narración fantástica, descubrió la verdadera ciudad de Troya y dejó al mundo admirado.

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